05 septiembre, 2011

Ep. 9: Vacaciones en Yecla (tiene cojones)

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Tiene cojones que lleve varios años sin irme de vacaciones y que este verano mis vacaciones hayan sido... en Yecla. Al menos fueron durante la primera semana de agosto, cuando todavía nuestro pueblo no es un páramo desierto. Cuando todavía puede llamarse Yecla y no Yeclahoma.


Llegué a nuestra patria (Yecla) después de cuatro meses en Londres. En el cuerpo esa rara sensación que sientes al volver cuando estás lejos. En la mente la intención de aprovechar el tiempo “en casa” y hacer todo-lo-posible en siete días. Intentar disfrutar de un verano yeclano en formato concentrado. Y aunque fastidie, todo se resume en los topicazos de siempre: sol, comida y fiesta (además de familia y amigos, de eso que no falte).

La fiesta la empecé por todo lo alto en mi “primera” noche en Yecla: noche de cenas de empresa. Llegar directamente del exilio al ocio veraniego yeclano más desatado fué un cepazo en toda la cabeza. Gente de todas las edades dándolo todo, festejando como si no hubiese un mañana. Si me ponen la bebida más cara, señores en la calle ofreciendo abiertamente droga/taxis y más olor a sobaco, hubiese creído estar en pleno Soho londinense... Qué ambientazo.


Y así de repente me vi arrastrado en una espiral yeclano-destructiva-estival: momentos familiares, baños en campos, tortilla de patata, señoras y señores que se salen al fresco (y montan su propio “Sálvame Deluxe”), bollicaos y donuts, mirar a las estrellas, más tortilla de patata, fiestas varias, salidas al mar con amigos, bronceado tractorista, helaos, tortas fritas y volver a conducir. Miles de emociones y sensaciones “de siempre” condensadas en una semana.

Como habrán notado, en este sindios veraniego es fundamental la parte gastronómica. Así que antes de volver tenía que comprar víveres cárnicos para sobrevivir en Londres, como un Paco Martínez Soria que visita a sus hijas en MadriZ. Y allí que me fui al Mercadona, donde la diferencia de temperatura con la calle era dramática. Sobrerefrigerado. Como fatídico desenlace a esta expedición al polo “supermercado de confianza” me pillé el típico resfriado del mes de agosto. Al menos mereció la pena volver a escuchar la mítica canción del Mercadona (hitazo).


Pero no sólo de pan vive el hombre. También necesitaba de la fe y el misticismo yeclanos. Así, en plena noche pensé en ir a visitar a nuestra patrona en su estancia estival en Yecla (con la que ha convertido la basílica en nuestro particular Marivent). Al no ser “horario de culto”, tuve que buscar otro templo que sí abriese de madrugada. Y ese templo estaba cerca: la Mannix. Miles Cientos Decenas de almas yeclanas liberando su espíritu y alzando sus corazones llenos de gozo. En este lugar de fe, hasta mi espíritu tuvo vacaciones yeclanish. La de publico que está perdiendo la iglesia por no servir alcohol, no poner temazos, no abrir las 24 horas...

Mis últimas horas en el pueblo fueron rodeado de amigos y dándolo todo en locales varios (entre ellos de nuevo la Mannix). Y con fiebre (por culpa del congelamiento en el Mercadona) Hay quien me dijo que la calentura y los pelerizos no eran por ningún enfriamiento. Que aquello era “yeclanitis”. Pues puede ser. Y así, en pleno subidón de fiebre de yeclanitis llegué al aeropuerto. Esta vez la despedida no fue tan dolorosa (al menos en aquel momento). Sería porque estos seis meses se acaban pronto... o no se acaban... O quizás fue porque me he dado cuenta de que Yecla siempre estará ahí, pero no así ciertas oportunidades. O fue la fiebre tal vez... Fuese por lo que fuese me volví contento, con el mejor pensamiento con el que puedes volver a la “normalidad” tras las vacaciones: me habían cundido.





2 comentarios:

Aperitivos musicales dijo...

Pues las vacaciones veo que no le han sentado mal. He pasado un mes de agosto horrible sin una de sus entradas. Lo de Yeclahoma está genial, pero lo de la Mannix y la iglesia es dificil de superar.

Yo hace mucho que ya no digo que voy de vacaciones a Yecla (o a Madrid), porque ir de mogollón en mogollón es otra cosa que vacaciones. Eso sí, lo importante es volver a Londres, aunque cansado, con las baterías cargadas.

Pascual V. Díaz dijo...

Siempre un placer.

Baterias totalmente cargadas. Eso es lo bueno (aparte del jamon y el lomo y esas cosas...)

Muchas gracias!