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22 febrero, 2012

Ep. 13: El veinte doce (tres lugares)

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Todos los meses que han pasado desde el último Púe London! en octubre ponen de manifiesto dos cosas: que el tiempo pasa muy deprisa y que mi gandulería se agrava con el frío. Y con más frío y menos tiempo, ya hemos consumido buena parte de este 2012. 

Mientras sonaban las campanadas y empezaba el Twenty Twelve me di cuenta que iba a ser un año “especial” (sí, el mismo “especial” con el que se califica a los niños raros o a las tallas grandes). Para mí -como para muchos otros jóvenes españoles- el primer año como emigrante en el extranjero. Divagando un poco, también es un año “especial” para las ciudades de Londres y Yecla. Vuelve a parecer absurdo compararlas, pero de eso ha tratado siempre este “experimento” Púe London! (welcome to series two).


Londres en 2012 es ya una marca. O en eso están empeñados. En los próximos meses, la ciudad llega a un punto clave dentro de su particular proceso de renovación: los Juegos Olímpicos de verano. No son pocos los que opinan que Londres no necesitaba meterse en este “fregao”: una inversión enorme, molestias para los londinenses, y una profunda reestructuración en áreas como el urbanismo o el transporte. Todo esto envueltos en una crisis económica sin precedentes (sí, aquí también ¡yuju!), además de una cierta crisis social, por ahora solo evidente a través de pequeños focos de violencia como las riots del pasado agosto. Los objetivos que los políticos londinenses se marcaron siguen siendo solo objetivos: impulsar el sentimiento de unidad de una ciudad hecha de retales –con mil y una nacionalidades, como la nacionalidad yeclana- y renovarse para seguir siendo una ciudad puntera en el mundo. A finales de julio comenzaran los juegos. Los resultados –también económicos y sociales- tardaran bastante más en llegar.

Yecla en 2012 es... ya no es lo que era. O eso nos empeñamos en creer. Como contaba el amigo Val, Yecla es hoy una ciudad asustada, obsesionada con la crisis económica y, como consecuencia de esta “pesahombre” general, sumergida en su propio victimismo y pasividad. Por eso este 2012 es un año muy importante. Es el año en el que (deberíamos) cambiar nuestra actitud, nuestra mentalidad colectiva y empezar a levantarnos. Está claro que no tenemos Juegos Olímpicos ni grandes infraestructuras (ni siquiera básicas como una autovía…), pero nunca debimos haber olvidado lo que sí tenemos y siempre hemos tenido: un enorme sentimiento emprendedor y una gran capacidad de reinvención. Mientras Londres intentará en 2012 “continuar estando ahí”, en el caso de nuestra Yecla necesitamos más bien “volver a estar”, sobrevivir. Salir adelante UNA VEZ MÁS. 

En este año “especial” (si, otra vez ese tipo de “especial”) a mí también me toca encontrar mi lugar aquí, en una ciudad quizás demasiado guay para un “zagal” de pueblo. Espero encontrarlo, que Londres siga siendo “lo más” y que Yecla siga siendo Yecla para que los que nos hemos ido tengamos un sitio donde volver (y para poder seguir haciendo estas comparaciones absurdas en los Púe London!). Ya han pasado las primeras semanas de 2012. No perdamos más tiempo.




19 octubre, 2011

Ep. 12: Españoles y ex-pañoles (Vente pa’ Britania, Pepe)

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Existe un síndrome que nos hace creer que todo en el extranjero es mejor que en Yecla España. Podríamos llamarlo el síndrome “Vente a Alemania, Pepe” y podríamos echarle la culpa a fenómenos como “Españoles en el mundo” (y sus versiones), donde siempre salen los emigrantes a los que la vida les va bien, viven en casas con jardín, tienen niños rubios y un perro. Quizás algún día se les ocurra hacer un “Españoles jodidos por el mundo”. Ahí hay material.

En Londres la situación laboral es bastante distinta a la de España (ya de Yecla ni hablamos...). A pesar de que aquí tampoco atan los dogs con longanizas, seguimos llegando españoles (y yeclanos). Londres es la marca blanca de la emigración joven española: está cerca, se habla un idioma más o menos accesible y se mueve mucho dinero. Mucho. Incluso hay páginas de Facebook sobre la “Gente que se ralla y se va a vivir a Londres”. Nos tienen calaos.


Aunque aquí, a su manera, también están en “crisis”, cuando te pones a buscar trabajo al menos encuentras ofertas. Ofertas serias. No como esa vez que tuve una “entrevista” en Yecla y resultó ser de esa organización-piramidal / secta / compañía-de-comedia llamada Herbanosequé. Disfruté de un bonito espectáculo de humor no intencionado rodeado de ecuatorianas compinchadas que aplaudían y reían chistes sin gracia, presentaciones de Power Point con faltas de ortografía y otros yeclanos que lo flipaban como yo. Eché una tarde curiosa, pero allí trabajo no había. Comedia, sí.

Y seguimos llegando españoles a Londres. Cada Spaniard que viene (o que vino o que vendrá) aterriza con su historia y sus circunstancias. Los que vienen para poco o mucho tiempo, los que aguantan lo que le echen y los que se vuelven a la mínima. Currantes, estudiantes, licenciados, aupairs aburridas, becarios... en busca de trabajo, experiencias, aventuras... Los que preguntan en Forolondres y van los jueves al Chandos, los que hacen botelleo español los sábados en el callejón de Piccadilly, los que repudian todo lo español-en-Londres, y aquellos otros que van por libre. Lo único que verdaderamente nos une a todos “los de aquí” es nuestro DNI y un montón de topicazos que desmontar (o no). Eso y lo mismo que une a todos los emigrantes, sean de donde sean y vayan a donde vayan: una ilusión como punto de partida y un final que no se conoce hasta que no llega. Si es que llega.


A mi mi lo que me ha llegado es el final de la beca. Parece mentira que ya hayan pasado seis meses. Y que la DECISIÓN haya llegado. Por ahora me quedo. Pese a estar hasta las pelotas de tanto esquiusmi y tanto sorry. Y de tanto papeleo que conlleva el “quedarse por ahora”: abrir una cuenta en el banco, pedir el National Insurance Number, registrarme como español residente temporalmente en el extranjero, votar por correo, firmar un contrato de trabajo... Con cada paso adelante, me veo un poco más lejos de casa. Y me agobia y me asusta. Porque quiero volver, quiero seguir siendo más de allí que de aquí. Por ahora ser otro de tantos españoles en Londres, pero no otro londinense ex-pañol. No quiero acabar apareciendo dentro de 10 años en “Españoles en el mundo” rodeado de niños rubios y un perro. Y menos que me lleven al “Diario de Patricia” del 2023 como sorpresa a alguien de mi familia. Y nos abracemos y lloremos frente a “Patricia 2”. Y moqueemos mucho con música sentimentaloide de fondo. Da miedo hasta pensarlo. Déjate.





22 septiembre, 2011

Ep. 11: A los caídos y levantados en la feria (10 minutos)

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Trafalgar Square es el centro más centro de Londres. Una enorme plaza que toma su nombre de la batalla de Trafalgar, donde los ingleses nos vencieron a españoles y franceses frente a las costas de Cádiz en 1805. Una vergüenza para los spanish casi tan grande como la plaza. Acerca de Trafalgar Square hay una historia que cuenta que si permaneces en ella 10 minutos te encontrarás con alguien de tu presente o tu pasado, una persona cercana o conocida. En estos 10 minutos tendrás seguro un encuentro inesperado. Y así Trafalgar es para unos un lugar para el encuentro, y para otros el recuerdo de una batalla no ganada. 

Wikipedia
Polvo, barro, olor a descomposición y… vasos de cubalitro. Otra batalla sin victoria la que se libra en estos días en Yecla. Solo unos pocos sobreviven cuerdos, pero muchos son los que luchan en las trincheras. Valientes que se han atrevido a poner una caseta y enfrentarse a los elementos (principalmente polvo, otra vez). Solamente el que ha formado parte de una de ellas sabe lo que es el “olor a guerra caseta” (indescriptible y único), y sobre todo, lo que se pelea para sacar una adelante. Las cobran a precio de oro y las entregan “peladas”: una toma de agua (ni un fregadero) y una toma de luz (la instalación eléctrica corre a cargo de la caseta, permisos incluidos). Puede que se inunde si llueve, que se desmonte alguna viga o que los aseos portátiles exploten y tu (metafóricamente) “pista de baile” se convierta (literalmente) en un “rio de mierda”. Una batalla sucia donde no se gana. Si acaso, no se pierde. 

Algunos luchan esta guerra por tener algo propio, un lugar donde hacer “cosas distintas”; otros simplemente por “estar”, por no perder dos semanas de negocio. Hacer un “sacrificio” para que otros se diviertan “contigo” y para aportar contenidos a la Feria de Yecla (pese a la falta de apoyo económico del Ayuntamiento, one more time). Y aunque la contienda sea cruda, también se disfruta luchando junto a otros camaradas, derramando sobre el polvo sudor y sangre (sobre todo cuando te cortas preparando limones para los Gin Tonics…). Siempre es con los soldados rasos donde se vive realmente la intensidad de la guerra. Vivir juntos el antes, el durante y el después de la batalla. Y al final, darte cuenta que has “conquistado” algo. Banal, absurdo, perecedero, pero algo. 

www.yecla.es
Para casi todos, la feria será como la historia de Trafalgar Square, un sitio donde encontrarse. Te sobrarán 9 de los 10 minutos para reencontrarte con gente con la que ibas a la escuela, compañeros de instituto, colegas de trabajo… personas cercanas o conocidos. Y no es una historia, es que la feria concentra a casi todos los yeclanos en un punto. Sin embargo, otros verán además un campo de batalla. Con sus ofensivas, su retaguardia, sus pegatinas insignias… y sus vasos de cubalitro. Son los locos que se han atrevido a poner una caseta en esta feria. A luchar una guerra que nunca se gana pero que extrañamente compensa. Y en la que echas de menos no poder participar. Un lugar donde encontrarte con gente… y donde luchar. Nuestra feria, nuestro Trafalgar. 

En honor a mis compañeros del Puntillo (¡un punto diferente!) y a todas las personas pringadas implicadas en cada una de las casetas de la Feria de Yecla.



13 septiembre, 2011

Ep. 10: Lo llaman mes de agosto y no lo es (raro, raro raro)

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A partir de los “veintialgo” te das cuenta de algunas cosas sobre la vida. Una de ellas es que cada año que pasa es igual que el anterior, parte de “un ciclo sin fin” que lo envuelve tooodo en el que siempre pasan casi las mismas cosas y en el mismo orden. Navidad-Carnaval-SemanaSanta-SanIsidro-Verano-LaFeria-LaVirgen-y-Navidadotravez. Una dinámica en la que cada año parece solo una longaniza más. Una detras de otra. Por eso para un yeclano, acostumbrado a los agostos made in Yecla, este mes ha sido muy diferente. Extraño. Raro, raro, raro...

La misma noche que llegué de las vacaciones en Yecla, unos cuantos amigos quedaron para salir en pandi por las calles de Londres. No iban de botelleo ni nada de eso. Quedaron para romper escaparates, robar productos tecnológicos y quemar algún comercio de paso. Revueltas las llamaron. En Yecla quedan en la puerta de ”Chuches”. Aqui te montan un platano que casi interviene el ejercito.

via Joanne Casey Blog

Frío, lluvia, sapos y culebras... casi el único calor de este agosto han sido los incendios de las London riots. Llega un punto en el que te planteas si cuando cogiste el avión te moviste por el espacio-tiempo y has aterrizado en pleno diciembre. Y mira que para luchar contra “este agosto” intentas hacer cosas veraniegas. Te pones manga corta (festival del pezón duro), vas en chanclas a lo guiri, te compras un helao... Aunque nunca encuentras las “capacicas” de “La Ibense” y sus sabores-tendencia de este 2011, aquí puedes disfrutar de heladerías-sado-maso que a veces venden helado de leche materna. Con lo que nos gusta chupar de una teta...


Y la ciudad (aunque parezca mentira) se vacía un poco. Aunque se llena de miles de millones miles de turistas españoles e italianos (o es que son los que más ruido hacen...). Y sales de fiesta y hay menos gente. Y de vez en cuando suelen pinchar un Aserejé o una Macarena. Y en esos momentos te llevas la mano al corazón y con el pecho henchido, te sientes orgulloso de ser español. 

Al menos aquí estamos a salvo de las insufribles “canciones del verano”, los Furbys de la música: al principio te divierten pero al cabo de un mes (en la feria) se convierten en una pesadilla. En mi semana en Yecla pude descubrir las de este año. Mis doce puntos (twelve points) van para “la del tanga” (click para "escuchar"). Queda demostrado que tras el #15M han vuelto las canciones con mensaje. Han vuelto los cantautores. 



Y en este agosto “raro” tienen hasta carnaval, el de Notting Hill. Una celebración muy racial, muy al límite (como todo aquí), en la que miles de descendientes de inmigrantes afroamericanos “re-conquistan” el barrio que una vez fue suyo y que ahora es de los más “pijos” de Londres. Los vecinos de allí están hasta el gorro. Todos los demas, no. Es comprensible. Estuvimos bailando bajo la lluvia en uno de los soundsystems (DJs en la calle) y llegó un punto en que aquello parecía una delegación del Proyecto Hombre. Y mientras tanto en Yecla subiendo a la Virgen... Y pese a estos contrastes el mundo sigue girando. Qué cosas...


Y ya es septiembre y ya se ha ido otro verano. Un agosto fuera de lo estandares yeclanos. Raro, distinto, pero no por ello malo. Un verano... con un punto diferente. Ostras... ¿de qué me suena eso...?

05 septiembre, 2011

Ep. 9: Vacaciones en Yecla (tiene cojones)

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Tiene cojones que lleve varios años sin irme de vacaciones y que este verano mis vacaciones hayan sido... en Yecla. Al menos fueron durante la primera semana de agosto, cuando todavía nuestro pueblo no es un páramo desierto. Cuando todavía puede llamarse Yecla y no Yeclahoma.


Llegué a nuestra patria (Yecla) después de cuatro meses en Londres. En el cuerpo esa rara sensación que sientes al volver cuando estás lejos. En la mente la intención de aprovechar el tiempo “en casa” y hacer todo-lo-posible en siete días. Intentar disfrutar de un verano yeclano en formato concentrado. Y aunque fastidie, todo se resume en los topicazos de siempre: sol, comida y fiesta (además de familia y amigos, de eso que no falte).

La fiesta la empecé por todo lo alto en mi “primera” noche en Yecla: noche de cenas de empresa. Llegar directamente del exilio al ocio veraniego yeclano más desatado fué un cepazo en toda la cabeza. Gente de todas las edades dándolo todo, festejando como si no hubiese un mañana. Si me ponen la bebida más cara, señores en la calle ofreciendo abiertamente droga/taxis y más olor a sobaco, hubiese creído estar en pleno Soho londinense... Qué ambientazo.


Y así de repente me vi arrastrado en una espiral yeclano-destructiva-estival: momentos familiares, baños en campos, tortilla de patata, señoras y señores que se salen al fresco (y montan su propio “Sálvame Deluxe”), bollicaos y donuts, mirar a las estrellas, más tortilla de patata, fiestas varias, salidas al mar con amigos, bronceado tractorista, helaos, tortas fritas y volver a conducir. Miles de emociones y sensaciones “de siempre” condensadas en una semana.

Como habrán notado, en este sindios veraniego es fundamental la parte gastronómica. Así que antes de volver tenía que comprar víveres cárnicos para sobrevivir en Londres, como un Paco Martínez Soria que visita a sus hijas en MadriZ. Y allí que me fui al Mercadona, donde la diferencia de temperatura con la calle era dramática. Sobrerefrigerado. Como fatídico desenlace a esta expedición al polo “supermercado de confianza” me pillé el típico resfriado del mes de agosto. Al menos mereció la pena volver a escuchar la mítica canción del Mercadona (hitazo).


Pero no sólo de pan vive el hombre. También necesitaba de la fe y el misticismo yeclanos. Así, en plena noche pensé en ir a visitar a nuestra patrona en su estancia estival en Yecla (con la que ha convertido la basílica en nuestro particular Marivent). Al no ser “horario de culto”, tuve que buscar otro templo que sí abriese de madrugada. Y ese templo estaba cerca: la Mannix. Miles Cientos Decenas de almas yeclanas liberando su espíritu y alzando sus corazones llenos de gozo. En este lugar de fe, hasta mi espíritu tuvo vacaciones yeclanish. La de publico que está perdiendo la iglesia por no servir alcohol, no poner temazos, no abrir las 24 horas...

Mis últimas horas en el pueblo fueron rodeado de amigos y dándolo todo en locales varios (entre ellos de nuevo la Mannix). Y con fiebre (por culpa del congelamiento en el Mercadona) Hay quien me dijo que la calentura y los pelerizos no eran por ningún enfriamiento. Que aquello era “yeclanitis”. Pues puede ser. Y así, en pleno subidón de fiebre de yeclanitis llegué al aeropuerto. Esta vez la despedida no fue tan dolorosa (al menos en aquel momento). Sería porque estos seis meses se acaban pronto... o no se acaban... O quizás fue porque me he dado cuenta de que Yecla siempre estará ahí, pero no así ciertas oportunidades. O fue la fiebre tal vez... Fuese por lo que fuese me volví contento, con el mejor pensamiento con el que puedes volver a la “normalidad” tras las vacaciones: me habían cundido.





13 julio, 2011

Ep. 8: Harry Potter y la Carretera de Fuente Álamo (nuestras cosas)

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El jueves estuve (detrás de las vallas y desde una ventana) en el estreno de la octava (y última) pelicula de Harry Potter. Nunca un libro ha movido tanto (en todos los sentidos), con una Trafalgar Square tomada por el marketing, las estrellas de la saga (incluida la escritora-celebrity) y los miles de fans gritones. Por una tarde, el epicentro del cine blockbusteriano y la literatura de megamasas.


Ficción y realidad-ficción. Recorriendo la ciudad puedes pasar junto al 221b de Baker Street, respirar en callejuelas el ambiente que rodeaba a los niños de Dickens, olvidarte de este mundo de muggles y cruzar el anden 9 y ¾, o lograr ver en alguna ventana a una Wendy escudriñando el cielo. Ficción que vive en la realidad londinense. Y por si fuera poco, lo que algún día fué realidad es también casi ficción. Desde el mujeriego Enrique VIII, Jack y sus “destripes”, el paso de peatones de “Los Beatles”, o la multitud de celebrities que viven en los barrios “bien” y se dejan ver “no tan bien” en las zonas de moda. En esta “realidad” ya no hay rastro de Alicia. Ahora es Amy Winehouse a la que le persigue el “conejo blanco”.

Esto demuestra que Londres no es sólo edificios, parques y gente corriendo. Londres es también lo que “no es”, o lo que un día fué en la mente de algún autor (escritor, guionista o periodista “cuentista”). La ficción y la realidad-ficción es parte del encanto de la ciudad y tan seña de ella como el Big Ben o los punkys “para turistas”.


Y... ¿nosotros no tenemos de esto en Yecla? Lo tenemos, solo que no le sacamos partido...

Dejemos un poco en paz al pobre Azorín porque lo tenemos sobreexplotado. No paramos de nombrarlo, usar sus palabras, vender la visión que tenía de nuestro pueblo... el pobre estará arrepentido de haber venido a estudiar a Yecla...

No hay que preocuparse, tenemos mucho más.

Tenemos al Pascualico de Castillo Puche, aquel que miraba la Iglesia Nueva desde su higuera antes de que la cortasen. Y en la propia iglesia tenemos esa virgen blanca “encaladísima” sobre la puerta del Atrio. Nadie sabe como apareció ni que permisos se pidieron para “prostituir” de esa forma la fachada de la iglesia pero... ahí está (¿milagro?). O al nuevo párroco, con el que podemos hacer tours por los sermones medievales y el “vamospatrasismo” de esta institución en nuestro pueblo.

También tenemos a la Eduvigis, al bandolero reconvertido en capitan ilustre Soriano Zaplana, las leyendas del Arabí (más allá de Iker), la ratio de Audis por habitante, la misteriosa sinrazón de haber derribado las Escuelas Pías, o el “proyecto interminable” de la Carretera de Fuente Álamo (al estilo Sagrada Familia de Barcelona). Hasta incluso tenemos el enorme privilegio de ser el único pueblo del mundo con un experto en protocolo que no tiene educación (no es contradictorio, ¡es único!), además de programador y “guardián de las llaves” (un concepto realmente literario). ¡Tenemos tanto que mostrar!

O la Yecla encrucijada de caminos y mezcla de regiones (manchegos, alicantinos y un poco murcianos), nuestro espíritu localista (¡región comunidad autónoma país independiente!), o nuestro carácter emprendedor, luchador y currante. Tantas y tantas cosas que nos hacen únicos pero que obviamos por ser cotidianas.


Hay todo un “universo yeclano” por mostrar ahí fuera (o ahí dentro). Será por personajes, historias, chascarrillos, yeclanish recochineo y demás cosas inigualables. Y si no las encontramos nos las inventamos. Si hemos sido capaces de creernos durante años el ombligo del mundo tenemos “inventiva” para eso y para más.






07 julio, 2011

Ep. 7: Degratis (Oda a la vida rater)

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Llega poco a poco y sin que lo notes. Se va instalando en ti y empieza a crecer. Y cuando te quieres dar cuenta... eres un rata. Gastas poco, te piensas cada compra y exprimes cada euro/libra. Por favor, antes de juzgarme, sepan que no siempre he sido así. Digamos más bien, que el mundo me ha hecho así.

Ni París, ni Nueva York, ni Pinoso, ni Hong Kong... Londres es la ciudad más cara del mundo. Y a otro nivel, Yecla tampoco es lo que se dice una ciudad barata (solo hace falta salir a comprar ropa para darse cuenta de que en nuestro pueblo todo es un poco más caro que en los pueblos vecinos, como si hubiese un “arancel yeclano”). Si mezclamos estas dos ciudades y le añadimos la situación económica actual (paro juvenil incluido en la ecuación)... el resultado es que mi raterismo está desbordándose cual Támesis. Estoy entrando de lleno en la rater way of life.

El raterismo se aplica al día a día sobre todo en la cesta de la compra, y en eso en Yecla tenemos sabiduría para exportar. La loable practica de recorrerse medio pueblo para comprar la leche 3 pesetas más barata o hacer cola durante dos horas en el Sangüi porque el pan es de Caudete y cuesta 10 céntimos menos son prácticas muy nuestras. Aquí son más de sandeces como recortar cupones con los que ahorrarte un 0,1% en compras superiores a 50 libras y cosas por el estilo... Eso sí, el Tesco es toda una institución en la vida rater londinense. Desde YA nuestros supermercados patrios deberían adoptar una Tesco-idea que revolucionaría nuestras vidas: la sección de productos a punto de caducar a precio reducido. Soy un asiduo a esa estantería. Y a las gastroenteritis leves.


Pero no sólo de pan vive el hombre, también hay que alimentar el espíritu con cosas “for free”. Museos, conciertos, exposiciones, bodas reales, borrachos dando el espectáculo en plena calle, borrachos en bodas reales dando el espectáculo... aquí en Londres es fácil encontrar actos culturales gratuitos, pero se hecha en falta lo que en Yecla es un referente en el estilo de vida rater. No, no hablo de aquella señora que recogió melones de un camión que había volcado en la circunvalación y estuvo comiendo melones "degratis" un lustro... No. Hablo de nuestros entrañables abuelos. Los mismos que miran obras, celebran “asambleas” del 15M al sol o aparecen en reportajes de España Directo golpeando estatuas. Son asiduos cuando reparten algo (como macetas pre-electorales del PP), en inauguraciones con cucos y olivas (dicho finamente “vino de honor”) y sobre todo en asentarse tres horas antes de que comience cualquier acto cultural gratuito, esperarse, comenzar a criticarlo porque no les gusta y dormitar y/o boicotear el acto no aplaudiendo. Da igual que sea un concierto de heavy, una zarzuela o una obra de teatro descontructivista. Aguantan hasta el final porque es gratis. Mi más sincera admiración para todos ellos. Tengo mucho que aprender.

Y es que si algo es gratis, lo coges, no lo desprecias, aunque no te haya costado un duro. Eso es ser agradecido. No como en aquella horterada pagada por todos los murcianos gala de “Murcia qué hermosa eres” en las Pozas, donde los asientos se llenaron de yeclanos que habían recogido su entrada gratis... pero que encuantico empezó a refrescar (helor incoming) se largaron de allí, dejando a los presentadores congelados y solos. Nunca Norma Duval ha tenido los pezones más escarchados... y nunca ha habido menos público para admirarlos...


Y es que como he dicho hay gente que no valora lo “degratis”. No lo hacen. Será que no son parte de la generación que las pasó canutas tras la guerra ni de los que hemos pasado del despilfarro al raterismo en unos pocos años. Porque aunque no lo creamos, no siempre hemos sido así. Somos parte de una generación que ha nacido y crecido con mucho y ahora nos hemos quedado con bastante menos (algunos con nada de nada, un absoluto drama por desgracia muy cercano). Al menos estamos aprendiendo. Porque el raterismo también conlleva una actitud de valorar todo un poco más, y sobre todo, de darse cuenta de que por reír, soñar, estar con los amigos, pensar, emocionarse demás cosas importantes de la vida no tenemos que pagar nada. Aqui y alli, en no-libras o no-euros, en inglés o en yeclanish, es dificil resistirse a lo "degratis" . Aunque tengo ya unas ganas de empezar a derrochar y dejar de ser un rata...





20 junio, 2011

Ep. 6: Aquel abril de 2000 y el shock del albercoque (Zoom out)

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Nunca olvidaré el momento en que aquella tropa de yeclanos subimos las escaleras de la estación de metro de Picadilly Circus. El gentío, la música callejera y los neones se grabaron en mi mente para siempre. Nuestra primera vez en Londres nos cambió a muchos. Desde entonces miramos el mundo y la vida de otra forma. Hablando claro, algunos salimos por aquella boca de metro y de golpe se nos quitó la tontuna...


Viajar te cambia. Amplía tu visión de lo que creías que era el mundo, como si la cámara de tu mente se alejase y te mostrase todo aquello que estaba oculto en el fuera de campo. Lo que antes parecía enorme se empequeñece, lo que parecía inamovible se hace relativo y te das cuenta de lo ridículo de aquellos (o aquellas instituciones) que se creen el ombligo del mundo. Algunos habrán sentido esta sensación por primera vez en ciudades cercanas, en otros países, o quizás en culturas mucho más lejanas a la nuestra. Algunos todavía no la habrán vivido y otros puede que nunca la vivan. A nosotros, a aquel grupo de estudiantes de 4º de ESO, nos pasó en Londres, con 16 años, aquel abril del año 2000.

Entre moquetas, zulos habitaciones de hotel en el sótano, escapadas nocturnas y fotos über-turísticas, la ciudad de Londres (y el mundo outside Yecla) nos caló poco a poco, penetrando en nuestro cuerpo más allá de los huesos. Cuando el viaje acabó, al llegar a Yecla, tuvimos una sensación muy extraña. Por las calles había poca gente, ya no había grandes escaparates, ni autobuses de dos plantas... ni rastro de los neones de colores. Nos encontramos con las cocheras de siempre, las casas de ladrillovisto de toda la vida, y el feísmo de las farolas llenando de luz naranja cada rincón de la noche. Habíamos “visto mundo” y aquello era un retorno al pueblo en toda regla.

Volviendo al presente, la semana pasada mis padres y mis tíos vinieron a visitarme aprovechando el día de la Región (algo bueno tiene que tener ser de Murcia...). Nunca habían estado y tuve que volver a ponerme el “sombrero” de turista para patearnos la ciudad juntos. Les gustó y les impresionó. En palabras de mi madre “cuantas cosicas hay en este pueblo nuevo tuyo...”

Como no podía ser de otra forma, y siguendo el rito Paco-Martínez-Soria, me trajeron la obligada comida spanish envasada (que espero me dure un tiempo). Lo que no me esperaba era que mi padre me trajese un albaricoque que acababa de coger en Yecla. Al morderlo, la cámara de mi mente volvió a alejarse y esta vez además de mostrarme como de grande es el mundo, me mostró la grandeza de lo nuestro, de lo cercano, de lo de “toda la vida”. Me olvidé del gentío, las tiendas, el constante tráfico... y los neones de colores. Me llené del sabor del verano en Yecla, de las calles llenas de vecinos al fresco, de ir con los amigos a los campos a bañarse, de cenar “al fresco” en familia, de polos de horchata, chaqueticas en las noches de agosto, y ver el “camino de Santiago” en el cielo cuando todas las luces se apagan.


Nada más disfrutable que una sensación espontánea tire por tierra tus convicciones y te haga avanzar. Hace 11 años, juntos con mis compañeros, necesité hacer 1400 kilómetros para “ampliar” mi visión del mundo y la vida. Esta vez, ha bastado un albercoque para volver a ampliarlo y darme cuenta de muchas más cosas. Supongo que el paso de los años también ha ayudado. Sea como sea, después de esto, ante el mundo hoy me declaro: apasionado de Londres, de Yecla... y albercoquista.